Oposición, entre la emoción y la razón, por Eddie Ramírez Serfaty

Oposición, entre la emoción y la razón

8 octubre, 2019 por:  Eddie A Ramírez S.

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Casi todos participamos en grupos de las redes sociales y tenemos acceso a los artículos de distinguidos compatriotas, todos ellos con deseos de salir lo antes posible de esta narcodictadura totalitaria. A través de estas relaciones con los “amigos invisibles del aire”, como diría Arturo Uslar Pietri, se percibe que nos debatimos entre la emoción y la razón sin lograr el equilibrio necesario para acuerdos mínimos.

Es muy probable que estas confrontaciones se deban en gran parte a que las opiniones viajan rápidamente por las redes sociales, las cuales nos bombardean con informaciones que a veces son ciertas, pero otras son medias verdades o inclusive mentiras. Como el cerebro emocional reacciona mucho más rápido que el cerebro racional, disparamos desde la cintura sin pensarlo dos veces.

El cerebro emocional es más primitivo que el racional, ya que se desarrolló tempranamente para permitir la sobrevivencia a los primeros homínidos. El mismo es imprescindible para que no seamos simples robots. El racional se desarrolló gradualmente hasta lograr su máxima evolución con el homo sapiens, aunque a veces dudamos de su sapiencia.

¿Por que gente valiosa con cierto nivel de educación se ha vuelto tan agresiva en contra de otros que generalmente tienen el mismo objetivo? ¿Acaso la cizaña sembrada por el régimen afectó nuestra parte del cerebro que actúa como puente necesario entre la emoción y la razón? Quizá la explicación es que nos encontramos en una fase de sobrevivencia, angustiados por la situación económica, la escasez, la persecución política y por la lejanía de muchos de nuestros seres queridos. En estas circunstancias tiende a manifestarse con mayor preponderancia el cerebro emocional.

Por ello descalificamos a quienes no nos suministran una solución a corto plazo y nos inclinamos a simpatizar por quien ofrece el cese inmediato de la usurpación mediante el arrebato del poder, aunque en el fondo el cerebro racional nos indica que “los rusos también juegan”, como dice el profesor Adolfo Salgueiro. Ese relegado cerebro racional debería hacernos notar que el equipo que enfrentamos es malamañoso y sin escrúpulos. Que además cuenta con la incondicionalidad del árbitro y de los guardalíneas, o sea de la Fuerza Armada, del Tribunal Supremo de Justicia, aunque sea espurio, de los paramilitares rojos y del narcotráfico. En estas circunstancias al equipo de la democracia se le dificulta meter gol, aunque contara con Messi y Ronaldo.

Como no hemos podido ganar el partido, el cerebro emocional nos induce a buscar un culpable y rápidamente le echamos la culpa al entrenador, es decir a los partidos políticos. Desde luego que hay argumentos para ello aunque, a pesar de sus errores, los dirigentes de los partidos siguen dando la cara. Sin embargo, las descalificaciones no cesan.

Aquí el cerebro emocional nos juega sucio y la emprendemos en contra de los dirigentes que no caen simpáticos o que a veces se contradicen. También hay que reconocer que no ha surgido un líder que nos aglutine, sino que tenemos varios dirigentes unos más valiosos que otros y la identificación con los partidos políticos es baja. Parte de la culpa es de ellos y parte de campañas de antipolítica.

A pesar de todo, hoy contamos con unos diputados que sesionan aunque ni cobran, ni disponen de facilidades de transporte, un grupo de ellos está refugiado en embajadas y otros presos o exiliados. Surgió un joven ingeniero que le ha tocado asumir una tarea difícil y riesgosa.

El presidente (e) Juan Guaidó encabeza las encuestas y es una esperanza. No cometamos el suicidio político de descalificarlo. Prometió una ruta y la está cumpliendo. El fin de la usurpación puede producirse por varias vías. No nos ceguemos.

Las sanciones están actuando, pero no pueden dar resultados a la velocidad deseada y no surtirán efecto sin la reactivación de las protestas de calle. Conjuntamente sí podrían obligar al régimen a renunciar

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