Chile ¿Y AHORA QUE PUEDE SEGUIR?

POLIS


Hector Silva Michelena –

CHILE, ¿Y AHORA QUÉ PUEDE SEGUIR?

Posted: 05 Nov 2019 11:03 PM PST

A Fernando Mires, con entrañable afecto

A un par de semanas después del estallido de la burbuja chilena, me atrevo a hacer unas reflexiones, muy cautas, sobre tan espectacular acontecimiento.
Señalo dos cosas: 1) esa burbuja era el signo de un malestar acumulado durante varios años; 2) las dimensiones que alcanzó el estallido, me sorprendió. Los esperaba, pero no de esa magnitud. Me adelanto a denunciar lo que ya es claro: formando parte de las turbas de encapuchados, entre los cuales, detenidos y confesos, fueron identificados, no “aires bolivarianos”, sino forajidos castrochavistas que formaron parte activa de la en la criminal destrucción de más de 60 estaciones del metro, y saqueos anárquicos.
En cuanto a lo primero, hubo sistemáticas protestas, que culminaron en 2011 por lo excesivamente costosa de la educación, privatizada desde la época de Pinochet.  Se destacan las humillaciones clasistas y la arrogancia de la oligarquía, política y financiera entrelazadas, al tratar a los de más abajo Por otra parte, quiérase o no, el clamor general en todas las manifestaciones, que colmó todas las protestas, fue y sigue siendo la desigualdad de ingresos: abismal, medida desde un salario mínimo y una pensión, comparados con los de senadores, diputados, y la oligarquía empresarial.

La segunda cosa: la estrategia económico-social iniciada hace 25 años, muy exitosa en el lapso 1986- 1998, y estancamiento en la década 19-2019,, se agotó hace dos décadas (1: Como escribe José Manuel Palma, en un trabajo en la Universidad de Cambridge, Inglaterra (19 de octubre, 2019): “La hipótesis principal de este trabajo es que el pobre desempeño de la economía chilena en las últimas dos décadas se debe a causas ligadas al modelo neoliberal: un factor clave es que  el crecimiento promedio de la productividad colapsó desde 1999 a 2019, con un breve repunte entre 1999 y 2003.Todo esto el resultado de una estrategia de desarrollo que no cambió, y que hoy en día, necesita desesperadamente una “actualización” completa, que sea capaz, por ejemplo, de generar nuevos motores de crecimiento de la productividad ( incorporación de nuevas tecnologías, innovaciones organizacionales), avanzar en la industrialización de productos básicos, , o la difusión del nuevo paradigma tecnológico ( las Tic) hacia las cuatro esquinas de la economía: empresas, hogares, gobierno y resto del mundo”.

Yo sostengo que lo mismo puede decirse de la ideología neoliberal y sus cimientos, y de la mayoría de sus “certezas absolutas”, las cuales han sido sacudidas hasta la médula. Sin embargo, ni la mano (no tan) invisible de los mercados distorsionados, y no corregidas por los gobiernos, ni la centroizquierda, o los gobiernos de centroderecha han tenido mucha idea de cómo lograr este cambio. Además, ha habido una falta generalizada de voluntad política para hacer algo al respecto.

Utilizando un concepto creado en los años sesenta (trampa de bajo equilibrio),podemos decir que, en  consecuencia, la economía chilena ahora está atascada en una “trampa de ingreso medio” (hacer inversiones utilizadoras de mucha mano de obra, pero de baja productividad e ingresos medios) es bastante clara, trampa que se puso a sí misma . De hecho, el cambio ha venido en la dirección opuesta: para reforzar el crecimiento de un statu quo frágil, se ha agregado una nueva camisa de fuerza política: el de Tratado Transpacífico, o TPP-11, que otorga a las grandes corporaciones (extranjeras y nacionales) un veto de facto contra cualquier cambio en la política.

La desaceleración del crecimiento de la productividad posterior a 1998 se originó a partir de las dos áreas claves de la economía dual estancadas en sus respectivas trampas de ingresos medios. Es decir, ambos sectores no pudieron “actualizarse”, o modernizar sus sectores clave. Mientras que en  el sector de exportación no se superaron las actividades puramente extractivas, el sector no transable (no exportable) permaneció atrapado en actividades con potencial de gran crecimiento en mano de obra, pero de baja productividad. Aquí es donde radica el problema clave de la economía chilena actual. Paul Krugman no se equivoca cuando afirma:  aunque “la productividad no lo es todo … a la larga es casi todo “.

La falta de “actualización” significaba que, dado que su ciclo puramente extractivo mostraba signos de alcanzar su máximo potencial (especialmente en minería), el crecimiento de las exportaciones colapsó a pesar del “superciclo” de los precios de los productos básicos y el fácil acceso a la financiación. Chile había sacado de la pobreza a un 50% de la población en las dos décadas anteriores (1986- 1998).

Las señales de malestar no fueron escuchadas y se continuó con el modelo neoliberal. La clase política, prefirió sus privilegios y no hizo más que sostener un modelo visiblemente agotado. El cambio cualitativo había abierto una segunda etapa. Esto no se vio. A estas alturas, ya se han aclarado las causas, de variada índole, del violento estallido. Abordaré, muy brevemente (este no es el lugar para un mayor desarrollo) las más sentidas y generales protestas de la caja de resonancia: la crisis social y la desigualdad e ingresos de ingresos.

A mi parecer, se requieren dos etapas: la primea, profundizar y extender las modestas reformas propuesta por el presidente Piñera, y no menospreciar lo que dijo, y aceptó: sabe que no son suficientes y que, por lo tanto, puede avanzar. Conocemos su ideología, y sabemos que éstas limitan, ciegan. Mas no, por eso, exigir y hacer agitación y propaganda (la fatal agitprop, de Lenin).

En lo social, reducir el costo de la educación mediante una acción concertada gobierno/ institutos educacionales, en todos sus niveles. Rebajar los intereses de los créditos educativos. En casos extremos, aplicar medidas asistenciales. Los cuidados de salud deben y pueden ser mejorados, Chile está equipada institucional y profesionalmente para hacerlo. Asistencia social focalizada. Organizar el sistema de pensiones, su nivel ya ha sido subido. Eliminar el trabajo precario en acción concertada gobierno/empresas. He notado voluntad de hacerlo.

Posteriormente, ha de buscarse la articulación firme de las políticas económicas y sociales. Yo diría que en Chile hay conocimiento suficiente para elaborar una socioeconomía política, una suerte de nuevo paradigma donde estas políticas se necesiten unas a otras, y no marchen aisladas, como hasta ahora ha ocurrido (en toda América Latina).

En una segunda esta etapa, la ciudadanía chilena necesita audacia y creatividad, y actuar con rapidez, al debatir y validar las propuestas de las asambleas de base que se realizan por todas partes, a efectos de llegar federadamente a una Asamblea Nacional Constituyente que dicte las normas constitucionales que le inspiran su conveniencia y su sabiduría deliberante. Actuar con sensatez, mirando a la historia a la hora de debatir la adopción de un sistema, particularmente el socialismo. Aunque pocos lo ignoren, la historia ha demostrado que ningún sistema socialista ha generado prosperidad. Me permito recomendar el gran libro del profesor Ezra F. Vogel, Deng Xiaoping y la trasformación de China (Cambridge and London, 2011).

Examinemos, mejor, el crucial asunto de la Constituyente, cuyo poder es originario y, prácticamente, ilimitado (sí los hay: los derechos humanos y su duración). Esto plantea un serio problema, muy bien pensado y expuesto por Octavio Paz, en su memorable Laberinto de la soledad (México, Cuadernos americanos, 1950; FCE, México, 1981). Este gran escritor y pensador sostiene que “Ni la Revolución ha sido capaz de articular toda su salvadora explosión en una visión del mundo, ni la ‘inteligencia’ mexicana ha resuelto este conflicto entre la insuficiencia de nuestra tradición y nuestra exigencia de universalidad”.

¿No ha ocurrido lo mismo con Chile? ¿Con Perú, Ecuador, Colombia, América Latina toda? Cada país tiene su propia historia, y son variadas las formas y métodos mediante los cuales se transitó, con la angustia atroz de una pesadilla sangrienta? ¿Cuál es la sustancia real de esa pesadilla, cuáles han sido nuestras exigencias de universalidad? Lo contenido en nuestras sucesivas Cartas Magnas. Esta recapitulación nos lleva a plantear el problema, gran problema, de una filosofía chilena, o mexicana, o venezolana o latinoamericana.

Quien más se adentró en este hondo problema fue el mexicano Leopoldo Zea en su formidable La filosofía latinoamericana como filosofía sin más, México, Siglo XXI Editores, 1969).  A una pregunta sobre el tema hecha por Mario Mogollón en 1971, en una entrevista, Zea responde: “Bueno, porque nuestra America, la America Latina, es precisamente por esa situaci6n ambivalente, mestiza, que forma parte de dos mundos, lo cual se ha planteado como un problema muy grave, el de la identidad, y en esto, obviamente, tambi6n se plantea como un problema de libertad. Al sentirse sometida a una ideologia, a un punto de vista que no es suyo, sino que viene de fuera, tiene entonces que producir una filosofia de liberación; es decir, de destapamiento, de asiliminacion de la interpretación que le es extraña, que le es ajena. Es por ello que en nuestra America no podría haber conquista, sino liberación. Yo recuerdo, por ejemplo, lo que Bolívar decia: “yo no quiero ser conquistador, yo no quiero ser Alejandro, ni Cesar, ni Napoleón, yo quiero ser libertador”. Es decir, aquí no cabe la conquista, aqui cabe la liberación”.

Zea se refería al catolicismo, al liberalismo, al positivismo y al socialismo, cuyas graves deformaciones ya conocía (la “nueva clase”, que denunció Djilas, el estalinismo que denunció Jruschov en 1956, y que el gran novelista comunista Howard Fast condenó y divulgó en El dios desnudo (Ediciones Cid, colección Vórtice, nº 2, Madrid, 1958)

Existe, también, un rasgo histórico que tiene mucha repercusión en la génesis y sentido del pensamiento latinoamericano; se trata del hecho de que la filosofía ha comenzado en el continente desde cero, es decir, sin apoyo de una tradición intelectual milenaria, pues el pensar indígena no fue incorporado al proceso de la filosofía Hispanoamericana. La filosofía ha correspondido al carácter de un árbol trasplantado, y no “de una planta que surgiera de la conjunción de factores propicios a un brote original y vigoroso de pensamiento”, como hace notar el pensador peruano Augusto Salazar Bondy en su ya clásico libro ¿Existe una Filosofía de Nuestra América? (México Siglo XXI Editores, 1968).

Zea menciona otros distinguidos pensadores latinoamericanos como Francisco y José Luis Romero en Argentina, Vaz Ferreira y Arturo Ardao en Uruguay, Cruz Costa en Brasil, Enrique Molina en Chile, Guillermo Francovich en Bolivia, Francisco Miró Quesada en Perú, Benjamín Carrión en Ecuador, German Arciniegas y Danilo Cruz en Colombia, Mariano Picón Salas en Venezuela, Raúl Roa en Cuba, “y otros que se me olvidan”

Ahora bien, tal vez, sea este carácter de trasplantado el que opere como marco referencial del pensamiento latinoamericano, ya que, su reflexión no se ha caracterizado por ser una filosofía del Ser, del conocer y del querer, sino más bien, por preguntarse, una y otra vez, acerca de su posibilidad de existencia. Si algo caracteriza el pensamiento latinoamericano es su preocupación por captar la llamada esencia de lo americano, con toda la carga equívoca que esto ha significado.

En general, los latinoamericanos hemos estado atentos a los desarrollos filosóficos en el resto del mundo y, a través de los años, adoptado distintas posturas filosóficas: progresivas como conservadoras, tanto pragmáticas como idealistas, materialistas y espiritualistas. La influencia filosófica europea fue crucial durante el siglo XX, debido en buena parte a la llegada de filósofos españoles exiliados tras la caída de la República. Las enseñanzas de los filósofos españoles José Gaos, Ortega y Gasset, y García Bacca, por ejemplo, fueron un elemento importante en la formación de las reflexiones filosóficas latinoamericanas.

En suma, parafraseando a Paz, la meditación histórica nos llevaría a responder esta pregunta: ¿cómo hemos vivido los chilenos, los mexicanos, los peruanos, los colombianos, los venezolanos, nosotros, en general, las ideas universales? Esta es la cuestión. ¿Mas, puede Chile, aquí y ahora, esperar una respuesta satisfactoria? No. Entonces, Chile ha de apelar a su audacia y creatividad. Que la tiene, y mucho.

La filosofía Latinoamericana: una forme de expresión propia: Entrevista por Mario Mogollón (1986, Unam): Leopoldo Zea nace en la ciudad de M6xico, el 30 de junio de 1912 muere en esa ciudad el 8 de junio de 2004. Por su ardua labor sobre los problemas de America Latina, Leopoldo Zea es considerado como uno de para los forjadores del pensamiento filosófico contemporáneo.

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