El calderón de Calderón Bertí, por Alfredo Coronil Hartmann.

LA RUEDA DE PRENSA DE HUMBERTO CALDERÓN

 

 Los amantes de la Opera o bel canto, utilizamos el termino calderón que, en estricto sentido es la suspensión del compás, para referirnos a las altas notas sostenidas de los grandes virtuosos, que muchas composiciones exigen con exageración, como ocurre con la obra de Vincenzo Bellini, I Puritani, la cual estuvo mas de 20 años fuera de cartelera en el Metropolitan Opera House de Nueva York, hasta que un joven tenor catalán, Hipolito Lázaro, virtualmente la resucitó:Cuando el calderón aparece sobre una nota o pausa ésta se puede prolongar a gusto del interprete. Rezan los diccionarios musicales.

Esta acepción vino a mi memoria al escuchar la Rueda de prensa, dada por el ex-canciller Humberto Calderón Berti, en Bogotá, con motivo de su destitución como embajador en Colombia, materializada en una escueta y descortés carta del maladroit Ingeniero Juan Guaidó, Presidente a.i. de la República, en la cual le participaba su sustitución -por no sabemos quien- el texto apenas esquivaba la grosería…

La respuesta transmitida urbi et orbi fue impecable, firme, sin brusquedades como era de esperarse de un diplomático y sobre todo de un verdadero político. Ese es el drama, en el momento políticamente mas difícil de nuestra historia, no tenemos políticos, no es que son malos políticos, simplemente no lo son, y no es fácil serlo. Abundan los emprendedores deseosos de hacerse de un modus comendi supuestamente fácil, los traficantes ávidos de riquezas, algunos buenos hombres y mujeres con sensibilidad social, pero sin aptitudes y cardúmenes de trepadores, resentidos y poca vergüenza, adoradores del becerro de oro.

No creo que Guaidó pertenezca a la especie de los depredadores, no tengo razones para pensarlo, pero si creo que peca de ingenuo o precipitado, el asunto Calderón Berti lo retrata de manera deplorable y, en la tesitura histórica que la fortuna le ha deparado, no tiene margen para el error, tiene la obligación de acertar, muy difícilmente Venezuela tenga otra oportunidad como esta, perderla irá totalmente  a su cuenta.

Los venezolanos que nos sentimos obligados con el país y con la Historia estamos obligados a una complicada reflexión, en la cual nuestra propia entidad intelectual, experiencia y vividura nos obliga mas allá de un compromiso convencional común ¿Es lícito sucumbir al disgusto? ¿Podemos hacer ascos al repugnante espectáculo de los depredadores y logreros? ¿La repugnancia ética y estética de este bailongo de mabil de puerto, en que ha devenido Venezuela, puede eximirnos?

Honestamente no lo creo -aunque quizá subconscientemente lo desee- no valen excusas, es la Patria, sin redoblar de tambores ni parafernalia patriotera, es la sangre, son las voces de nuestros ancestros, el polvo de muchos huesos blanqueados por el sol del Llano o el frío paramero, que nos miran estáticos, mudos, expectantes y por qué no decirlo, acusadores, la orden del general Córdova en Ayacucho fue inequívoca ¡ A paso de vencedores !

 

 

 

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