LA LINTERNA AZUL: INTERNACIONALES

INTERNACIONALES

En Chile se sigue el guion clásico soviético

1/12/2019 | Por Eduardo Martínez

Hispanoamérica ha sido sorprendida por las revueltas sucesivas de los últimos meses. Siguen un patrón ya conocido para la región, aplicando una estrategia alertada por el líder social cristiano Arístides Calvani hace más de 60 años.

De Ecuador a Chile

Los primeros días de octubre, Ecuador se vio impactada por inesperadas protestas a raíz del aumento de las tarifas del transporte decretado por el presidente Lenín Moreno.

Este aumento fue consecuencia del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para lograr acceso a un préstamo de 4 mil 200 millones de dólares. Ecuador debió aplicar medidas para reducir el déficit fiscal. Entre ellas, la eliminación del subsidio a los combustibles del transporte.

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Eduardo Martínez

Las protestas no se hicieron esperar. Lo que en los primeros días obligó al presidente ecuatoriano a mudar transitoriamente el gobierno desde Quito a la ciudad de Guayaquil. Acto seguido, declaró el estado de emergencia por 60 días y dio marcha atrás a las principales medidas de austeridad que habían sido tomadas. Esto logró detener el plan insurreccional.

El politólogo boliviano Carlos Sánchez Berzaín denunció en ese momento desde Miami, que Ecuador estaba “bajo ataque del castrochavismo”, por lo que se planteó la pregunta: ¿Quién sigue ahora?

Pasaron pocos días, para que la respuesta llegara desde Santiago de Chile. Ante un aumento de las tarifas del metro de la ciudad, grupos de jóvenes estudiantes sin aparente afiliación partidista, arremetieron a la misma hora y en una acción coordinada contra casi todas las estaciones del metro.

La destrucción del metro santiagueño evolucionaría a una sistemática operación de saqueo y destrucción de cadenas de supermercados, y se trasladaría a las principales ciudades del país, incluyendo aquellas que todavía no tienen transporte subterráneo.

Informes de inteligencia corporativa, de la banca extranjera que opera en Chile, señalarían posteriormente que el gobierno del presidente Sebastián Piñera había tenido a tiempo informaciones en cuanto se estarían preparando operaciones de sabotaje en contra de los servicios de acueducto, gas y electricidad que abastecen la ciudad de Santiago.

El gobierno tomó medidas de seguridad extrema, que evitaron dicho sabotaje y preservaron la prestación de estos tres servicios. Aunque no llegaron a tener información, y por lo tanto no previeron, que el esfuerzo de sabotaje —como Plan B— sería dirigido en contra del metro.

Si bien el plan subversivo fue abortado en Ecuador, en Chile no se ha corrido con la misma suerte.

A pesar de que se dio marcha atrás en el aumento de las tarifas, a la ola de protestas se sumaron otros protagonistas que pasaron a exigir una reforma constitucional. Lo que no pudieron hacer en Ecuador.

Estos eventos de Ecuador y Chile recuerdan lo sucedido en 1989 en Venezuela. En esa oportunidad, el gobierno de Carlos Andrés Pérez debió enfrentar en su inicio, una crisis económica que le obligo a llegar a acuerdos con el FMI, aumentar los precios de la gasolina y las tarifas del transporte. Fue cuando tuvo lugar el llamado “caracazo”, posteriormente revelado como unos sangrientos eventos donde aparecieron francotiradores cubanos, previamente sembrados para actuar en Caracas.

A las protestas de Caracas en 1989 siguieron los saqueos del comercio, los ataques armados contra fuerzas policiales y militares, en un estado también insurreccional que obligó al establecimiento de un toque de queda por varios días. Tanto en la Venezuela de 1989, como en el Chile y Ecuador de 2019 —a treinta años de distancia— existe el mismo patrón. No es nuevo. Sigue los dictados de la subversión exportada y financiada por la ya desaparecida Unión Soviética (URSS).

Una chispa evidencia el guión

Presumir de algo no lo hace necesariamente verdad. Aunque en ocasiones la aparición de opiniones calificadas logra convertir esas presunciones en verdades irrefutables. Precisamente, es lo que ocurrió con los sucesos de Chile, cuando el historiador Carlos Salazar —de abierta posición izquierdista— escribió un análisis de la situación para la revista Nueva Sociedad.

Salazar da inicio a su análisis señalando: “Solo faltaba una chispa (cualquier chispa) que crispando la piel de los adolescentes de Chile, que vienen mostrando más sensibilidad histórica e irritabilidad política que cualquier otro sector de la sociedad, hiciera estallar todo. Esa chispa llegó con el aumento del metro y la represión que sucedió al movimiento por la evasión masiva”.

De este párrafo, hay dos expresiones reveladoras de la naturaleza de los sucesos percibidos por un genuino izquierdista chileno.

La primera, es el uso de la palabra “chispa”, que el desarrollo estratégico de la práctica comunista denomina “las condiciones favorables”.

La segunda, atribuir a adolescentes y estudiantes la responsabilidad del estallido.

Y hay una tercera, que Salazar no se eximió de mencionar, es “la represión que sucedió al movimiento”. Un factor siempre tomado en cuenta por los cuadros comunistas a la hora de planificar acciones de calle; y sin las cuales su accionar no tendría repercusión en la sociedad.

Alerta de Calvani en Venezuela

Lo sucedido en Chile y Ecuador en 2019, siguió el mismo trazado de Venezuela en 1989, y resulta que fue percibido y alertado a partir de 1959 por el dirigente social cristiano Arístides Calvani en Venezuela. Dirigente destacado nacional y continental de su partido, Arístides Calvani (1918-1986) falleció víctima de un aparente atentado cuando intentaba pacificar América Central en los años de la mayor virulencia de las guerras incitadas por el comunismo en ese continente.

En un ensayo publicado en mayo de este año (2019) (*), abordé la posición de Calvani frente al comunismo, con motivo del centenario de su nacimiento. Meses más tarde, los acontecimientos de América Latina, me obligaron a recordar sus enseñanzas: los tres puntos mencionados en el análisis de Carlos Salazar en este año 2019, son piedra angular de las advertencias de Calvani en 1959. Para Calvani, el uso de las manifestaciones servía “para entrenar los “cuadros”, que iban a conducir las manifestaciones callejeras superiores”.

También encontraba, que los adolescentes se sentían tomados en cuenta, que estaban transformando la historia. “Es un hombre que sabe descubrir la historia mientras que los demás —pobres infelices— van caminando su vida sin darse cuenta de qué es lo que significa la vida. Para un joven esto es un dinamismo. Esto es una fanatización fantásticamente bien elaborada que le permite a él encajar admirablemente”, decía Calvani.

Las condiciones favorables se presentan cuando ocurren o dan momentos coyunturales como el aumento de las tarifas o precios. Que será la “chispa” que produzca el “reventón social”, como lo llamó Salazar en su análisis.

Esta etapa de preparación, según señaló Calvani, “tiene por centro la captación de la opinión pública”. Porque después de todo, estamos en una “guerra irregular”, frente a un proceso “de guerra total que abarca lo sicológico, lo económico, lo social, lo político y también el frente armado”.

A lo que Calvani añadía y resaltaba, es que a lo que ocurre hay que darle la connotación de “subversivo”, con lo que se introducía la connotación “sicológica”. “Porque es algo que va dentro, subterráneamente, que se vierte por debajo”.

Los pasos estratégicos

El alerta de Arístides Calvani no se quedaba en la explicación de los aspectos coyunturales. Recurría a lo más elaborado de la teoría comunista.

En este aspecto, utilizaba “el concepto de la metodología destructiva”, tomado de la sistematización teórica desarrollada por el coronel francés Ximénes, de amplia experiencia en las guerras de Indochina y Argelia.

Ximénes dividía la metodología destructiva en dislocación, intimidación, desmoralización y eliminación. “Factores que no necesariamente debían suceder cronológicamente en ese orden”, y que formaban parte de “un mismo engranaje” para “la destrucción del orden no comunista”.

Ilustraba Calvani el factor de la dislocación, señalando que una huelga perfectamente justa podía ser dislocada. “Para ello, en lugar de agotar los recursos legales, se marcha de lleno por los ilegales”.

Con respecto a la intimidación, Calvani afirmaba que las acciones de agitación perseguían “inducir el miedo en los espíritus”. Y advertía que esta introducción del miedo llamaba a la prudencia: “la mejor forma para disfrazar el miedo”.

Calificando que la intimidación es un “acto de terrorismo en todas sus formas y, en general, todo acto tendiente a provocar un clima de tensión síquica, de angustia, de inseguridad personal y colectiva. En otros términos, un clima revolucionario”.

Este clima revolucionario se fortalecía con la “desmoralización” como manera de desalentar al pueblo y que aceptara lo inaceptable. “Se busca que la población pierda confianza en sí misma, en sus dirigentes, en sus instituciones, en su gobierno. Se quiere crear un tal estado de ánimo que viva la inevitabilidad de la derrota”.

Finalmente, en esta estrategia de cuatro aspectos, Calvani resaltaba la “eliminación”, que no pretende otra cosa que “suprimir el elemento considerado peligroso para la acción comunista”.

60 años después

Luego de 60 años que Arístides Calvani se diera a la tarea de alertar y enseñar las tácticas comunistas, América Latina vive un nuevo período de agitaciones y reventones sociales.

Ya no existe la Unión Soviética ni la Internacional Comunista, pero han sido retomadas las estrategias y relanzadas por agrupaciones post soviéticas, como el Foro de Sao Paolo, y los gobiernos surgidos en los últimos 20 años, con la ayuda del último pedazo del Muro de Berlín: Cuba.

¿Y ahora Colombia, eximiendo el mismo patrón? ¿Quién seguirá después?


(*) Arístides Calvani frente al Comunismo, por Eduardo Martínez, publicado por Amazon.com, 2019.


El Nuevo País
1º de diciembre de 2019
https://elnuevopais.net/2019/11/30/eduardo-martinez-en-chile-se-sigue-el-guion-clasico-sovietico/


Calderón Berti: «Nuestros grandes errores han sido responsabilidad de Leopoldo López»

Diciembre 1º, 2019 | Por Orlando Avendaño

En una larga entrevista con el PanAm Post, el exembajador se explayó sobre la corrupción, sus discrepancias con Guaidó y la situación política en Venezuela

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29/11/2019.- Humberto Calderón Berti, exembajador en Colombia de Juan Guaidó, habla durante una rueda de prensa este viernes, en Bogotá (Colombia). Guaidó, a quien casi 60 países reconocen como presidente interino, anunció el pasado día 27 la destitución de Calderón Berti, alegando «modificaciones» en su política exterior. EFE/ Juan Zarama

El lector quizá no creerá que jamás había hablado con él. Solo lo vi una vez y me lo presentaron. Entonces Humberto Calderón Berti era el embajador. Ahora es el exembajador.

Fue designado el 29 de enero de este año para representar al Gobierno interino de Juan Guaidó ante la República de Colombia, quizá el país más importante para Venezuela luego de Estados Unidos, y duró solo diez meses. Sin embargo, su destitución el 27 de noviembre no impresionó. Todos la esperábamos. Tardó en ocurrir.

Dije justo en un evento hace unas horas que la destitución de Calderón Berti y su declaración ante la prensa fue un parteaguas en este proceso que ya luce demasiado consumido. Con un gesto de decencia y franqueza que necesitábamos todos los venezolanos, luce probable que Calderón represente ese símbolo de dignidad que aglutine a la sociedad civil, a esa que rechaza tajantemente los vicios que nos arrastraron a esta tragedia.

Quise entrevistarlo desde que publicamos el artículo sobre el desvío de fondos por parte de unos enviados del Gobierno de Juan Guaidó y jamás pudo concretarse. Insistí. Necesitaba conversar con quien se veía inmerso en un escándalo que nos acorralaba a ambos. La respuesta fue negativa por varios meses. Pero ya no más. Humberto Calderón Berti sacó las municiones y las anda soltando. Tiene buena puntería y no duda en disparar. Es el momento.

El prestigioso político, exministro, exdiputado, experto petrolero y geólogo venezolano habló con el PanAm Post sobre esas historias que, discretamente, han definido el desarrollo del Gobierno interino de Guaidó. La corrupción. Hablamos principalmente de corrupción. De principios y ética. También de su percepción, ahora, gracias a su independencia recién adquirida, mucho más franca, sobre el rumbo que lleva el presidente de Venezuela, los partidos que lo rodean y quien, según Calderón Berti, está realmente detrás de él.

«Han quedado en evidencia», dice el exembajador sobre los contrastes éticos que guarda con el Gobierno interino de Guaidó y el partido político Voluntad Popular. «Yo no iba a renunciar porque eso es reconocer que había cometido un error», blande quien no tiene problema en subrayar: «Yo no les iba a dar el gusto a ellos de irme. Eso no lo iba a hacer nunca. Yo sabía que la relación iba a ser incómoda, sabía que las cosas no estaban bien, pero yo quería ponerlos a ellos en evidencia».

Aquí la conversación, larga y desordenada, sobre lo fundamental. Pasamos por el caso de Cúcuta, cuánto dinero se malversó, quién lo manejó; también por el caso de Monómeros y el empecinamiento de un líder político venezolano en meterle la mano a la filial de Pequiven. Se refirió a los errores que ha cometido la oposición venezolana este año y dio algunos consejos a quien aspire liderar la causa por el rescate de la libertad de Venezuela.


Primero que nada, Don Humberto, gracias por la entrevista, por la integridad y por la muestra de decencia en su rueda de prensa de ayer. Creo que el país necesitaba eso.

Esa es mi obligación. Y yo no había querido hablar contigo antes para no contaminar lo que se estaba haciendo, ni que la gente fuese a pensar que yo tenía la mano metida en esto. No es que yo esté en contra que esto se sepa, no. Se iba a saber tres días más tarde, porque tú lo publicas el día 14 y yo lo llevé a la Fiscalía el día 18, y no lo hice antes porque estaba quebrantado. Pero el 18 estaba yo en la Fiscalía entregando esto. Eso se iba a saber de todas, todas. Y la denuncia era sobre lo mismo que tú dijiste, de manera que yo no tenía ningún interés en esconder nada. Yo respeto muchísimo a los medios de comunicación y a la prensa que está en el derecho de informar y, el ciudadano, en el derecho de saber qué es lo que está ocurriendo.

Esta es la primera vez, de hecho, que usted y yo hablamos. Que hablamos sobre el tema. Mucha gente, factores dentro del Gobierno interino —y lo han sugerido públicamente… han dicho que usted ha estado detrás de esto, de lo que nosotros hicimos. ¿Qué piensa al respecto?

Bueno, tú eres el mejor testigo de si yo he estado o no estado.

Mira, yo eso no lo voy hacer, nunca lo hecho, ni lo iba hacer. No porque yo quiera esconderlo, sino simplemente porque iba a ir a la Fiscalía y no iba yo a filtrar la información. Ahora, el problema allí fue que en lugar de enfocarse el tema central de por qué eso ocurrió, se centraron en que había habido una filtración, una cuestión sin sentido y absurda.

Claro…

Porque se iba a saber de todas maneras, yo lo iba a hacer 4 días más tarde. El informe de auditoría me lo entregaron el sábado 15; el mismo día se lo envié a Guaidó, a Leopoldo López y a Julio Borges. Leopoldo López estaba al tanto de esto 2 meses antes de que se publicara, de manera que yo no escondí absolutamente nada.

Yo quiero tocar dos temas en profundidad con usted: primero el caso de Cúcuta, porque tengo información que me gustaría cotejarla en esta conversación con usted; y, segundo, el caso de Monómero. Pero antes de eso, hablaba de esta narrativa que se ha creado sobre que —de alguna manera— usted estuvo detrás de la investigación para perjudicar al Gobierno interino, a Guaidó. Han salido tesis de que usted quiere asumir una presidencia interina. Hace tres días lo involucraban a usted con Mikel Moreno y Padrino López. Ayer salieron periodistas diciendo que lo de usted era ego porque lo que quería era la presidencia. ¿Qué responde a eso?

Bueno, vamos por parte. En primer lugar, a ti te consta, porque tú fuiste la persona que publicó eso, que la información no salió de mí.

Sí, claro…

En segundo lugar, la investigación la empecé yo y por una razón: porque había un rumor en las redes, comentarios insistentes en las redes no solamente de los militares sino de la gente que hace vida en Cúcuta. Publicaban muchas cosas hasta que un día, me contactan unas personas importantes del Gobierno de Colombia y me dicen que quieren hablar conmigo. Vienen y me muestran una información que me pareció delicada y dije esto no debe ser, entréguenme más información, me entregaron alguna información adicional, eso yo lo puse en manos de un funcionario de la embajada.

(Interrupción de llamada telefónica).

¡Ah! Lo primero es que a ti te consta que yo no tuve nada que ver. Yo te había visto a ti un día. Nos dimos una mano y nos presentaron. Yo te dije, «mucho gusto, ¿cómo estás?», más nada. ¿El segundo tema era… cuál era?

Se ha creado esta especie de campaña, que claramente tiene un propósito, de desprestigiarlo y neutralizarlo, imagino yo que para que se diluyan las denuncias. Publicaron en El Nacional y en otros medios, artículos involucrándolo a usted con Mikel Moreno y Padrino López…

Ajá, espérate. Vamos por parte: yo no conozco a Mikel Moreno ni al general Padrino López, nunca he hablado con ellos, jamás en mi vida. Yo no he participado en ninguna intentona. Yo no participé en la hazaña militar del Puente de Altamira.

Claro… Ellos son los que tienen que explicar.

Quienes tienen que explicar son ellos, los que aparecieron allí, no yo. ¿Qué voy a explicar yo? Eso es una conjetura y una manipulación, que expliquen ellos porqué lo hicieron y quiénes estaban involucrados, porque los rumores fueron muchos y nunca hubo una explicación de cómo había surgido aquello.

Yo tengo algunas informaciones que recibí, pero que me las reservo, de alguien que sí participó, que pasó por aquí por Bogotá, el general Cristopher Figuera. No diré nada, pero él me relató todo y los que aparecieron en el puente son parte de los que estaban en la cuestión. Yo no tuve nada que ver con eso. No me invitaron a eso.

Además, es muy torpe involucrarlo con eso para tratar de desprestigiarlo, cuando fueron otros los que realmente estuvieron involucrados. También hay quienes dicen que lo de usted ayer fue un gran acto de ego para minar la presidencia de Guaidó y apuntalarse usted.

¿Cuál ego puede tener una persona de 78 años que cuando Guaidó no había nacido, ya yo era ministro de Petróleo? Cuando la mayoría de los dirigentes actuales no habían nacido, yo había sido ya presidente de INTEVEP, Director de Reversión, Ministro de Petróleo, Presidente de Petróleos de Venezuela. Qué ego puedo tener yo en ese sentido, por favor, lo que pasaba es que yo estaba observando muchas cosas.

Si yo no hubiese participado en el Gobierno interino, yo no me entero de las cosas. Y a lo mejor hubiese estado confundido.

Pero yo quiero aclarar porque es bastante importante: los tres aspectos fundamentales que me distanciaron de ellos —y que ellos están en cuenta porque yo se los dije— fueron: el caso Cúcuta, que desde el primer día cuando me lo dijeron, se lo informé a Leopoldo López, el primer día, ¿me entiendes? Y él está en cuenta absolutamente de todo. En honor a la verdad tampoco trató de influir en mí para que no hiciera nada, no voy a decir ahora una mentira producto de todo esto, porque no acostumbro a decir mentiras. En segundo lugar la investigación se hizo de una forma seria y responsable.

Lo que yo sí quiero aclarar, Orlando, y que es muy importante, es que ellos están en cuenta de mi punto de vista sobre eso. Primero sobre lo de Cúcuta, desde el primer momento estuvieron enterados, Leopoldo, Julio Borges y gente que pasó por aquí, vinculados con los partidos políticos con quienes yo me reuní y les mostré la información que tenía. O sea, yo nunca lo oculté.

Lo otro fue lo de Monómeros. Yo fui quien planteó en sus inicios el tema de Monómeros. Yo, nadie más. Ellos ni sabían que eso existía, y yo adelanté todas las gestiones de forma muy discreta, porque así era que había que hacerlo para evitar que el régimen pudiera torpedear la operación de control de la empresa. Desde el comienzo trabajé en esto con el procurador José Ignacio Hernández y con Leopoldo López de una manera seria y profesional con unos asesores que tengo, un abogado especialista en esos temas y un petrolero que también domina la materia.

Cuando llegó el momento de designar a la Junta Directiva, Leopoldo López me pidió que elaborara una lista; yo no soy petroquímico, soy petrolero, así que me asesoré con mis compañeros de Petróleos de Venezuela —que algunos son petroquímicos— y me dieron una lista que fue la que yo pasé. Lo único que valía para integrar esa lista eran los méritos profesionales y la trayectoria moral y ética. Se la entregué a Leopoldo. Después vino la mano tenebrosa y metieron gente allí por razones de tipo político.

A mí me pareció que eso no era conveniente, pero aun así, la mayoría de los integrantes de la Junta Directiva eran profesionales y comenzaron a trabajar de una vez. Y tan profesionales que la empresa de 50% que estaba produciendo, pasó a producir 100%. Pero no estaba produciendo 50% porque la habían destruido, eso no es verdad; la empresa estaba funcionando, pero por las medidas OFAC, tenía restricciones financieras muy grandes, no tenía acceso a dólares para comprar materia prima ni podía hacer operaciones internacionales.

Yo trabajé en el levantamiento de las sanciones junto a la gente de Washington, trabajó mucho en eso creo que Vecchio y el propio procurador. La empresa se recuperó. Ahora, ¿qué ocurre?, a mí me parecía que no era pertinente, que no era un buen mensaje al país, ni a mis compañeros del sector petrolero, que se politizara aquello. Que hubiese cuotas de partidos allí de los 4 partidos que forman parte del G4.

¿Cuándo terminó mi responsabilidad? Yo fui a Barranquilla, los juramenté para darle formalidad a su designación y más nunca volví a aparecer salvo en una reunión (te explico, la oficina de la embajada es mitad de Monómeros y la otra mitad se la cedieron a la embajada para poder funcionar). Un día, estando yo en mi oficina, se me acerca alguien de la directiva de Monómeros y me dice que por favor vaya a la reunión de ellos. Yo le digo que no tengo nada que hacer allí, pero me insiste diciendo que es solo un momento. Cuando abrimos la puerta de la reunión de Monómeros, cuál será mi sorpresa que quien está dirigiendo la reunión era Manuel Rosales.

A mí me pareció que aquello no era normal, que no tenía nada que ver allí, los únicos que debían estar allí eran los ejecutivos de Monómeros con los miembros de la Comisión de Energía y Minas de la Asamblea Nacional. Yo me senté y vi que a la gente la estaban atropellando, injuriando y maltratando sin necesidad.

¿Manuel Rosales los maltrataba?

No, no. Manuel Rosales no habló mientras yo estuve allí, fueron otros.

Aquello no me gustó y cuando vi que hacían reclamos porque no habían atendido a personas que ellos habían enviado y cosas por estilo, yo dije… «Esto no es conmigo, yo no voy a quedarme aquí avalando esto con lo que no estoy de acuerdo». Me paré, me fui y más nunca supe nada de eso, yo me desentendí del tema. Fue el segundo, ellos sabían que yo estaba molesto y el tercer aspecto fue el relacionado con los diálogos. Cuando yo me entero de los diálogos —¡porque nadie lo sabía, ni siquiera Julio Borges sabía que eso se estaba adelantando! —.

El Gobierno de Colombia se enteró por la prensa.

¡Claro! Y el Gobierno colombiano es nuestro principal aliado internacional.

Bueno, a mí Almagro me dijo en la cara (y ya uno no sabe ni qué cara poner por la vergüenza) que también se había enterado por la prensa. Almagro, nuestro gran aliado…

Eso no es normal. Es un acto de descortesía y falta de solidaridad con quienes son nuestros aliados. Yo nunca he planteado que se le pida permiso a Colombia o a los Estados Unidos para hacer las cosas, no. Pero hay algo que es fundamental, Orlando, por cortesía se tienen que compartir cuestiones fundamentales con ellos.

La decisión siempre debe ser de los venezolanos, no tengo duda en eso de ninguna especie, pero por lo menos hay que consultarles, pedir su opinión. Y a mí, por el cargo que yo tenía aquí —que me permitía acceso a todos los niveles importantes de este país— me consta personalmente, no me lo contaron, me consta la molestia que aquí hubo en ese sentido. Francamente una gran molestia. Y yo se los dije, se los comuniqué por escrito. Al presidente Guaidó le mandé una nota que no me respondió, pero se la mandé.

¿Eso fue en cuál mes?

Eso fue cuando estaban los diálogos andando, sería como en agosto

Ya había ocurrido lo de Cúcuta, ya había un distanciamiento entre ustedes, ¿no?

Ya había ocurrido lo de Cúcuta y lo de Monómeros. Y yo les digo que a mí me parece que no es natural, que no es propio hacer esas cosas al margen y sin consultar con los aliados fundamentales.

¿Qué sería del proyecto este sin el apoyo de Colombia, Estados Unidos y Brasil aliados fundamentales y de la comunidad internacional en general? ¡Se va al traste! Yo lo que hice fue actuar responsablemente. Ahora, ¿por qué ellos se enteran de mi postura? Porque antes de eso fui un día a la televisión con Idania Chirinos y me pregunta sobre eso y, de una manera delicada, prudente, dije que yo lamentaba que el régimen se estuviera aprovechando de la buena fe de la oposición y que la estuvieran engañando, manipulando y mangoneando.

Puedes buscarlo en los archivos. Esa fue la expresión que utilicé. Esa es una expresión muy española y que se utiliza mucho aquí también, es decir guaraliando… mareando a la gente.

Y que yo no creía en eso, porque lo que había demostrado el régimen hasta ahora era que buscaban ganar tiempo. Y yo no estaba de acuerdo con aquello… Bueno, eso los terminó de indignar. Eso marcó la diferencia. Ahora, ¿tú ves normal que yo, embajador en Colombia, desde el mes de junio hasta la semana pasada, nunca tuve un contacto con el presidente interino?

¿Eso a usted no le parece, no solamente anormal, sino además inaceptable? Es decir, siendo Colombia un aliado fundamental el hecho de que el presidente no tuviera relación con usted y que hoy se sepa, ¿no es motivo suficiente para exigirle la renuncia a Juan Guaidó?

Yo no quiero entrar en esas profundidades…

Pero es que a mí me parece eso inaceptable.

¿Qué fue lo que atenuó todo eso? La presencia de Julio Borges aquí en Bogotá con quien tengo una relación profesional y personal excelente. Yo creo que lo que le hicieron a Borges incluyéndolo en mi carta de remoción, fue una trastada.

¿Borges no estaba al tanto de su destitución?

No… Borges me había dicho a mí en dos o tres oportunidades que esta gente estaba molesta conmigo y que ellos querían que yo me fuera. Yo le dije: «Cómo no, yo me voy cuando ellos quieran, pero yo no voy a renunciar». Y no iba a renunciar porque eso es reconocer que yo había cometido un error. Y yo no lo iba a hacer. Le dije lo mismo que le dije hace muchos años a Lusinchi, al ministro de Energía y Minas de Lusinchi, que siendo yo presidente de Petróleos de Venezuela y me vino a ver y preguntó: «¿Usted qué va hacer?» Le dije que no entendía la pregunta. «¿Usted va a renunciar?», me preguntó. Le dije, «no, porque renunciar significaría que yo cometí un error, una falta, que hice algo indebido». «Entonces, ¿qué hacemos?», me insistió. «Bueno, lo que ustedes quieran hacer, si quieren destituirme, me destituyen, pero sean ustedes». Convocaron una asamblea y me destituyeron. Perfecto no pasó nada.

Estos me mandaron la carta… Está bien, yo me voy y no tengo resentimiento, qué voy a tener yo resentimiento.

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Calderón Berti se desmarcó este viernes de la gestión del jefe del Parlamento Juan Guaidó, quien le destituyó este miércoles y reconoció que su relación con él «hace meses que no existe». Guaidó le comunicó en una carta publicada el miércoles que lo destituía alegando «modificaciones» en su política exterior. EFE/ Juan Zarama

Ya va, aquí hay algunos puntos que no quiero dejar pasar. Primero, ¿usted cree que esos tres impasses: ¿Cúcuta, Monómeros y los diálogos fueron los que produjeron al final la destitución de su cargo?

Yo aspiro que sea eso. ¿Qué más pudo haber sido?

Lo otro es que usted dice que Julio Borges no avaló su destitución.

Borges se enteró de la carta porque yo se la mostré. Él no lo sabía.

¿Y no piensa usted que Borges debería de denunciarlo? Esto es inaceptable… ¡Lo están involucrando!

Eso es asunto de él. Lo que yo te estoy diciendo es que él se entera (Julio estaba en Panamá) cuando llegó aquí en la noche. Le muestro la carta y me dijo que no había sido consultado. ¿Y por qué lo hicieron? Para comprometerlo, sabían que venía un aguacero y que a él le cayera parte del chaparrón.

Claro, claro…

Eso está hecho con toda la alevosía y maldad del mundo. Y yo se lo dije a Julio. Pero cada quien es como es, yo no voy a decirle qué es lo que él tiene que hacer, porque él es adulto. Es mi amigo y nada de estas intrigas va a alterar esa amistad. Yo sé que hay gente que critica mucho a Julio Borges, pero, ¿por qué lo critican? Porque él ha sido el gran articulador de la política internacional de Venezuela… ¡Él ha sido! Mientras otros andan por ahí dando discursos y hablando pistoladas, Borges está haciendo cosas efectivas. Todos los apoyos internacionales quien los ha tejido ha sido fundamentalmente Julio Borges, y el régimen lo sabe. Por eso es que el régimen aúpa y promociona todas esas campañas de desprestigio contra Borges. Hay que ser bien tonto para no darse cuenta que eso es así.

Ahora, el otro punto es que muchos se preguntan, es una de las mayores inquietudes —ante su gesto de decencia irrebatible—: ¿por qué Humberto Calderón, quien vio cómo se fue degradando y corrompiendo el proceso, continuó ahí? ¿Si ellos jamás lo hubieran destituido, usted simplemente hubiera seguido?

Yo no les iba a dar el gusto a ellos de irme. Eso no lo iba hacer nunca. Yo sabía que la relación iba a ser incómoda, sabía que las cosas no estaban bien, pero yo quería ponerlos a ellos en evidencia. Que ellos le explicaran al país, cosa que todavía no han hecho, por qué las razones de mi destitución.

Lo que invocan en la comunicación es que van a reestructurar la política exterior. Eso no se lo creen ni ellos mismos. ¡Eso no es verdad! ¿Por qué tienen que acudir a una mentira? Yo no soy hombre de mentiras. Yo estudié en el colegio La Salle de Barquisimeto, ahí me formé y lo que más castigaban los hermanos de La Salle, era la mentira. Yo me formé así. Cuando mis hijos comenten una falta y me dicen la verdad, yo los perdono rápidamente. Me molesto mucho cuando me mienten porque no creo que el ser humano debe andar con la mentira por delante y el dirigente político mucho menos. La gente dice… «Bueno, es que eso es ingenuidad». ¡Esa es la manera de ser de cada quien y yo con 78 años en las costillas —como dicen— no voy a cambiar, yo soy así y así me voy a morir!

¿Usted cree que hay unos contrastes éticos y morales muy grandes entre su persona y lo que se ha convertido el Gobierno interino?

Han quedado en evidencia. Lo que pasa es que la reacción frente a lo de Cúcuta, en lugar de haber sido apoyarme a mí, premian a quien mandaba el dinero. Lo ponen en la comisión de estrategia.

¿De quién habla?, ¿de Sergio Vergara?

¡Claro!

¿Era él quien mandaba el dinero?

Era él quien mandaba el dinero.

¿Por orden de Juan Guaidó?

Quien recibía el dinero era su cuñada.

¿Por orden de Guaidó?

Bueno, me imagino, yo no sé.

Mira, Orlando, yo quiero aclarar algo: yo no sé cuánto mandaron; yo no sé de dónde salieron los recursos; yo no sé si fue todo lo que me dijeron que habían mandado lo que efectivamente mandaron.

Lo que, si te sé decir es que en el hotel donde vivían en Cúcuta, el Hilton Hampton, en un mes se gastaron cien millones de pesos, 30 mil dólares…

Increíble…

Bueno, hay que comer más de lo que yo como, ¿ah? ¡30 mil dólares! Me enteré posteriormente. Ese dinero no lo reportaron ellos que lo habían recibido.

¡Ah, y no lo reportaron!

¡No, nunca! Lo que pasa es que la Fiscalía de Colombia, que sí sabe hacer las cosas, que es una institución que funciona y que el país confía en ella, ¿qué hicieron? Se fueron a los hoteles. Y, ¿qué recogieron? Todos los discos duros de las computadoras. ¿Qué ha salido allí? No lo sé, pero ese dato te lo doy porque me llegó de muy buena fuente.

¿A ti te parece humano que mientras la gente está pasando trabajo, mientras la gente se está muriendo atravesando el páramo de Berlín (Norte de Santander), mientras la gente atraviesa Colombia entera caminando, buscando como huir de aquella tragedia humanitaria que se vive en Venezuela, haya unos sinvergüenzas que se están robando el dinero o que lo estén malversando?

Insistiendo con el caso de Cúcuta: ¿usted cree que esto se reduce a dos militantes de Voluntad Popular? ¿Qué tan grande es?

Mira, no lo sé. A mí uno de los argumentos que se me dio, es que de lo que se trataba era de una cantidad pequeña, unos 90 mil dólares… Ese no es el hecho. Hay dos cosas que son inaceptables: 1. Que haya ocurrido y, 2, que era poco dinero. Como están acostumbrados a escuchar a que los del régimen se roban 10 millones, 100 millones, 200 millones, mil millones, 90 mil les puede resultar insignificante. No, ese no es el caso; lo que haya sido, fue el hecho de corrupción en sí. Ese es el tema.

Usted avisa a Caracas de lo que está ocurriendo, imagino que a Guaidó y a Leopoldo, ¿cuál es la respuesta de ellos?

Yo con Guaidó hablé solamente después, cuando ya estaba a punto de entregar el informe. Con quien mantenía comunicación muy fluida era con Leopoldo.

¿Y qué le responde Leopoldo?

Que continuara haciendo lo que estaba haciendo.

¿Nunca trató de interceder por Rossana Barrera?

No, nunca.

¿A usted nunca lo presionaron, recibió amenazas?

No, nunca.

Yo hice lo que tenía que hacer. Y lo hice por dos razones: por mi conciencia que me obligaba y, por mi obligación como servidor público. Yo no podía quedarme con eso escondido. Yo le dije a la gente que trajo la información —muy importante de aquí de Colombia—: «¿Qué hubiese pensado el Gobierno de colombiano si yo oculto lo ocurrido?». Al Gobierno de Guaidó, ¿le hacía bien que se ocultara? ¡Al contrario!, hubiera sido un descrédito para él que yo hubiese ocultado eso.

Hay algo que no me cuadra. ¿Por qué hubo esta reacción del Gobierno interino en contra de quienes denunciaron —porque a nosotros también nos atacaron terriblemente en ese momento—? ¿Por qué hubo una reacción en contra de quienes revelaron lo que estaba ocurriendo y, durante el proceso, no intentaron disuadirlo a usted?

No lo sé, no sé si por respeto hacia mí, no lo sé. De mi podrán decir ahora lo que quieran. Pero la gente por lo general me respeta, yo no soy un recién llegado a esto. Mi hoja de servicio está a la vista de todo el mundo, yo no tengo 30 años, no soy un recién llegado. Cuando tú tienes 30 años, tú dices: «Yo soy honrado, yo soy honesto». Está bien, usted no ha tenido oportunidad de demostrarlo, pero cuando tienes la edad que yo tengo y has pasado por todos los cargos importantes de Venezuela y sigues trabajando…

Y, ¿por qué tú crees que la gente reaccionó como reaccionó? Porque no soy un advenedizo, la gente me ha seguido y sabe que cuando yo dejé Petróleos de Venezuela más nunca volví. Fui una o dos veces en 20 años. Fui invitado a conversar algunas cosas de Estado. Pero yo nunca fui a buscar contratos de Petróleos de Venezuela. Yo me fui a trabajar al exterior, es lo que hecho toda mi vida. He trabajado en el Medio Oriente, en Bélgica, en Suiza, Colombia, México. He estado en todas partes, he sido un errante, eso fue lo que me tocó y fue lo que escogí.

Ahora dicen por ahí que yo tenía conflicto de intereses aquí. Mira, el otro día iba a llamar a mi esposa y marqué mal y llamé a una periodista amiga mía a quien quiero mucho, entonces me dice: «Doctor Calderón aquí estoy viendo lo que dijo fulano de tal de que usted tenía conflictos de intereses». Y le hablé y le envié un acta pública en España de una notaría de Madrid donde yo renunciaba a mi condición de miembro de la junta directiva de la empresa que yo había fundado. Es un documento público. Renuncié a eso, a mi remuneración, trabajé 10 meses aquí ad honoren y los últimos 5 meses cubrí todos los gastos de funcionamiento de la embajada, personal, gastos de viaje y gastos de funcionamiento. De mi bolsillo. A los militares en Cúcuta, un día los iban a sacar y me llamaron dos veces. Un día me llamaron con urgencia a decirme que se necesitaban 300 mil pesos y cuando me volvieron a llamar ya eran casi 2 millones de pesos, las llamadas eran de un día para otro. Estando yo en una reunión importante aquí en Bogotá con diputados que habían venido de todas partes del mundo, me llaman diciendo que a la gente los iban a sacar del hotel y, ¿sabes qué hice? Les mandé 8 mil dólares de mi bolsillo para que no los sacarán, pagué los hoteles, esos que eran 27 millones de pesos. Y sí valió la pena.

Mira, Orlando, yo vine aquí porque he querido servir a mi país en momentos muy difíciles y pensé que con mi experiencia en un país donde hice mucha vida, donde he trabajado muchos años, donde tengo una red de relaciones importantes con gente del Gobierno, de partidos políticos, con el mundo empresarial, intelectual, con los medios de comunicación, relaciones de respeto y consideración, pensé que podía serle útil a mi país. Por eso fue que decidí venir aquí. A mí me ofrecieron quedarme en España y dije que prefería Colombia que es mucho más importante por las actuales circunstancias que vivimos.

Sí, pienso que usted puede dormir tranquilo, cosa que otros no. Vuelvo a la rueda de prensa. En ella dijo que estaba esperando por la Fiscalía de Colombia y que, si bien iba a respetar y acatar cualquier decisión, pidió que estuviéramos vigilantes frente a los intentos de manipulación. ¿A qué se refiere exactamente?

Por ejemplo, me refiero al informe de Transparencia Venezuela. A mí me llegó la versión de inicial de ellos y me daban la razón en todo lo que había dicho y después, una semana más tarde, llegó una nueva versión maquillada y dije: esto no es lo mismo

¿Qué alteraron en la segunda versión?

Pusieron cosas ahí medio nebulosas. A mí me decepcionó mucho eso. Yo creo en las instituciones de Colombia, creo en la separación de poderes que hay en este país, creo que no se van a dejar influenciar. Aunque yo sé que ya llamaron a la Cancillería preguntando cómo iba el proceso.

¿Quiénes llamaron?

Me reservo el nombre. Me lo dijo el propio canciller.

¿Llamaron del propio Gobierno interino?

¡Claro! ¿Y la respuesta del canciller cuál fue? «Nosotros no sabemos qué está pasando porque aquí la Fiscalía es un ente autónomo».

¿Hay más o hay alguien de peso más allá de los que salen involucrados en este caso?

No lo sé, honestamente no lo sé, no tengo constancia ni certificación de eso.

¿Ve posible, dada la campaña en contra suya, que traten de involucrarlo en este caso?

En este caso, imposible. De qué manera. Si yo, primero, no participé en la designación de la gente. Por la embajada no pasó ni un solo centavo, nunca. Entonces, ¿en qué me pueden involucrar? En nada, si lo que he hecho es meterme la mano en el bolsillo.

Pasemos a Monómeros que quiero precisar algunas cosas y relaciono la pregunta anterior con esta porque a mí, y me reservo el nombre, un funcionario importante del Gobierno interino me mencionó que usted había estado detrás de lo que nosotros hicimos para perjudicar a Juan Guaidó porque supuestamente usted había pedido unos contratos en Monómeros y no se los habían dado.

Yo autorizo a quien quiera, a ti o quien quiera, a que vaya a Monómeros y pregunte si yo alguna vez sugerí algún nombre para algo. Y, que si alguna persona vinculada con la embajada hizo algo… que den los nombres, porque si lo hicieron, es su responsabilidad, no la mía.

¿Usted nunca pidió un contrato en Monómeros?

Que le pregunten al presidente, al gerente general, a Carmen Elisa Hernández que es la presidenta de la junta directiva si yo alguna vez he insinuado, he dicho algo o si hay alguien de la embajada que lo ha hecho. Yo lo autorizo para que mañana lo publique en la prensa, porque si alguien lo hizo es su responsabilidad personal, no mía.

Usted mencionó a Manuel Rosales. Voy a decirle lo que yo sé y usted me dirá si es cierto o no. Sé que efectivamente Manuel Rosales estuvo en una reunión en Monómeros donde estaba reclamándole a la junta directiva el hecho de que no habían atendido a personas de su grupo, no habían cumplido sus exigencias y entiendo que a la presidencia de Monómero la alteran porque no cumplen las exigencias de Manuel Rosales. ¿Es esto cierto?

No me consta. A mí no me consta. Yo lo que te sé decir es que en el tiempo que estuve sentado ahí, que fue como media hora, Manuel Rosales no dijo absolutamente nada. Yo sí escuché a algunos diputados increpando a los miembros de la Junta directiva y haciendo unos reclamos que no eran propios de lo que es su función ¿entiendes?

¿Diputados de cuál partido?

…Yo creo que allí había un error de diseño y es que los miembros de la Junta directiva, no podían ser gerentes de línea, en eso si estoy yo de acuerdo con la Asamblea Nacional. Si tú estabas en la Junta Directiva, no cabía ser gerente de primera línea, porque se supone que los gerentes le reportan a la Junta, es lo lógico. Yo creo que lo que han debido hacer, por lo menos lo que yo hubiese hecho, es: estos son los gerentes y ustedes salen de la Junta, punto y no pasa nada. Pero lo que hicieron fue sacar a Bilbao de presidente de la Junta y de gerente general y continuar como director.

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Calderón Berti se desmarcó este viernes de la gestión del jefe del Parlamento Juan Guaidó, quien le destituyó este miércoles y reconoció que su relación con él «hace meses que no existe». Guaidó le comunicó en una carta publicada el miércoles que lo destituía alegando «modificaciones» en su política exterior. EFE/ Juan Zarama

¿Por qué sacan a Jon Bilbao?

No lo sé. Debe ser que no se prestó para lo que algunos querían. Lo que sí sé —capaz él te lo puede confirmar— es que antes de que lo nombraran formalmente, hubo reuniones en Caracas haciéndole exigencias. Estaban en el restaurante Amazonia. Dos reuniones en Amazonia y otra reunión aquí en el Hotel Marriot haciéndole exigencias, pregúntale a ver quiénes fueron. Pide la lista de quienes han pasado por Monómeros pidiendo cosas. Que publiquen esa lista, de todos, sin excepción.

¿Quiénes fueron?

Yo no te puedo decir, pero fue gente.

¿Manuel Rosales fue uno de ellos?

No me consta.

¿Diputados a la Asamblea?

Diputados a la Asamblea sí. Algunos de ellos diputados a la Asamblea.

Pero yo creo que es un trabajo interesante que tú puedes realizar. Llama y pregunta formalmente quiénes pasaron por aquí. Publiquen la lista de todos los que han pasado por allá pidiendo cosas, todos sin excepción.

¿Contratos?

Lo que haya sido. Parece que la urea es muy apetecible, gente que quería vender urea. Comprar materia prima, ser intermediarios en negociaciones.

¿Un diputado de Acción Democrática, cierto?

Llama a Bilbao y pregúntale a ver si te cuenta quiénes fueron.

La urea funciona para la producción de cocaína, ¿no?

Es precursor, pero no estoy diciendo eso, no me quiero meter en esas profundidades. Pero sí es un tema delicado que hay que verlo… ¿Por qué tanto interés?

Un diputado de Acción Democrática ha pedido contratos de urea.

Pregúntale a Bilbao. Él tiene que saberlo, yo espero que él tenga la entereza y el coraje de decir la verdad.

¿Hay una lista de gente?

Debería de existir. Porque cuando tú vas a una empresa, ésta guarda un registro de los que van, quiénes son y qué es lo que piden. Lo que yo sé desde el primer momento que empecé a escuchar… así como pasó con lo de Cúcuta. Cuando yo empecé a escuchar sobre visitas, presiones, exigencias; dije yo: «Esto no va conmigo», y me retiré de aquello, no quería que me salpicara.

¿Y está al tanto de si se llegaron a repartir algunos contratos?

No lo sé, porque como te dije y te lo estoy diciendo con toda la sinceridad del mundo, yo cerré esa página, no quise verme involucrado en eso.

Ya para ir cerrando…

Yo creo que sería muy útil que la persona que te dijo lo que te dijo de Rosales —y tú me comentaste que habías escuchado una grabación y me comentaste que habías visto una fotografía—… Llámalo, quien haya sido, y pregúntale y que publique lo que te dijo a ti, que te autorice, que te dé esa información y te autorice a publicarla. Eso es lo que es la sanidad pública, eso es lo que hay que hacer si es que quien te lo dijo tiene el coraje de mantenerlo. Tú sabes que también hay gente a quienes se le aflojan las piernas.

Usted dijo en la rueda de prensa que le recomendaba a Guaidó rodearse bien. Nosotros publicamos hace un tiempo un texto sobre las relaciones de Henry Ramos Allup y, aunque fue un escándalo, a la semana Guaidó apareció en un evento con él, donde Ramos Allup le alzó el brazo. ¿Usted cree que a estas alturas todavía es que Guaidó no se rodea bien o es que Guaidó es parte de lo mismo?

Mira, yo te voy a decir una cosa. Yo conozco a Henry Ramos hace muchísimos años, porque yo tuve unos años de diputado y desde antes lo conozco. Yo, personalmente, no puedo decir nada de Henry Ramos. No lo puedo decir porque estaría mintiendo, porque de verdad yo no sé absolutamente nada. Qué hay comentarios en la prensa, puede haberlos. Tú sabes que a veces los comentarios no son totalmente ciertos. Ahora, aquí vino a verme hace unos meses una persona cercana al presidente Guaidó y yo le dije dos cosas, porque él me preguntó que qué le sugería yo que él le dijera al presidente Guaidó. Dos cosas. Una, que revise muy bien su entorno, porque allí hay gente tóxica. Dos, que se sacuda, que no se deje tutelar, que ejerza su responsabilidad, porque yo creo que es vox populi que hay una persona tutelándolo y él tiene que ejercer a plenitud su responsabilidad como presidente encargado.

Cuando sugiere lo primero, que vea con quienes se rodea, ¿a quién se refiere?

Yo tuve oportunidad, cuando pasó por aquí el general Cristopher, de hablar con él y me hizo unos comentarios que realmente me pusieron los pelos de punta de una gente cercana a Guaidó. Llámate a Cristopher y pregúntale, que te diga a ver qué sabe, si te lo dice.

¿Pero gente involucrada a la corrupción?

De gente de su entorno. Y me comentó algunas de esas cosas que yo pensé que eran medio kafkianas. Eso fue lo que él me comentó.

¿Y el segundo consejo se refiere a Leopoldo López?

Sin duda.

¿Usted cree que Leopoldo López es una de esos elementos tóxicos del Gobierno interino?

Yo lo que creo es que los grandes errores de la oposición han sido todos responsabilidad del accionar de Leopoldo López, que ha llevado inexplicablemente a todos los partidos de la oposición nariceados. Que el cuarto partido de la Asamblea Nacional naricee a los tres primeros, no lo entiendo.

¿Quién inventó lo de Cúcuta? ¿Qué les dijeron a los presidentes que se trasladaron a Cúcuta que iba a ocurrir? ¿Qué le dijeron a Almagro que iba a ocurrir? Yo no lo sé, debieron decirle algo porque no es Cúcuta precisamente un sitio para hacer turismo porque, entre otras cosas, ver el drama humano que allí se ve, deprime. Y, ¿quién inventó la hazaña militar del puente de Altamira? ¿Quién inventó los diálogos a espalda de todos sus compañeros de la oposición y la comunidad internacional? Él, Leopoldo López. ¡Que dé la cara, que responda!

¿Usted entonces le quitaría la responsabilidad a Guaidó?

No, no se la quitaría. Mi aspiración siempre fue que él rectificara.

¿Usted cree que él es una víctima?

No lo sé, pero debe estar en cuenta de lo que está ocurriendo, porque tonto no es para haber llegado ahí.

Cuando usted acepta el nombramiento y prácticamente deja su vida por esta causa, ¿usted esperaba verse envuelto en esto?

¡No! No, no. Pero le doy gracias a Dios de haberme venido Colombia porque me permitió ver las cosas que no hubiese visto viviendo en otra parte. Y me puso en el sitio preciso, en el momento preciso, para cumplir con mi conciencia y cumplir con mi responsabilidad.

Yo lo que quiero es un país distinto, Orlando. Para mis hijos, mis nietos, para la gente que se merece una cosa distinta. Eso es lo que yo quiero. Ahora, ¿que yo pueda tener aspiraciones? ¿Tú crees que a la edad que yo tengo, voy a estar metiéndome a hacer campaña en Venezuela? Estaré loco (risas). Ya yo he hecho mucha campaña, mucha campaña y por cierto me ha ido bastante mal siempre (risas). Esa es parte de la experiencia.

Tú sabes que, de las cosas malas, siempre salen cosas buenas. Yo no hubiese conocido al país como lo conozco, nuestro país Venezuela, si yo no hubiera sido dirigente político. Si yo no hubiera tenido que patear al país pa’tras y pa’lante. No hubiera conocido los barrios del oeste de Caracas si no hubiese sido candidato a senador. No hay barrio del oeste que yo no conozca. Pero no en carro, a pie. Los he pateado todos y los conozco en sus necesidades, problemas, carencias. A mí no me pueden venir hablar de eso. He visto la pobreza extrema en los barrios populares de Barcelona y de Cumaná. He visto a la gente pasando trabajo… Cómo estará ahora si yo hace 20 años, cuando la campaña de Chávez, lo presencié personalmente. Cómo estará ahora después de esta tragedia y este desastre.

Orlando, te agradezco si puedes resaltar una cosa. Todas estas cosas se las dije a ellos, todo sin excepción. No estoy hablando porque esté resentido, porque no es mi estilo. No estoy hablando porque me removieron. Ellos están al tanto y el país también, porque lo de Cúcuta yo lo denuncié, lo de los diálogos lo dije, y lo de Monómeros la gente sabía cuál era mi molestia desde el primer momento. Mira que tengo muchos amigos en Colombia que muchas veces me manifestaron su preocupación y angustia, porque no me querían ver involucrado en nada extraño allí, y me lo dijeron y me alertaron, y eso me hizo tomar conciencia de lo que podía ocurrir y del riego que se podía presentar, esa fue una de las motivaciones por las cuales yo me alejé de aquello.

¿Ve posible lograr el rescate de la libertad de Venezuela con esta gente, con quienes están dirigiendo el proceso? ¿Lo ve posible hoy?

Yo lo que creo es que aquí hay un sectarismo generacional que es inaceptable. Que el hecho de que tú tengas más de 40 años no puedas aportar, que eres un viejo, esclerótico… Todo el que tenga 50, 60, 70 años. No se trata de edad, se trata de capacidad, de competencia, de honestidad y de ética. De eso es de lo que se trata. Cualquier persona… Tú eres un muchacho, pero yo me siento igual que cuando tenía 25 años con algunas dolencias. Me duele a veces la espalda, pero la cabeza la tengo muy bien, con los años acumulados que me han dado mucha experiencia afortunadamente.

¿Es optimista?

¡Claro que soy optimista! Pero lo que le digo a la gente es que despierte, que no se dejen acomplejar porque tengan edad, que tienen mucho que aportar a mucha gente. Los petroleros están allí. Son miles en Colombia, México, Estados Unidos, en Kuwait, Qatar, los Emiratos, Arabia Saudita, esos son los que tienen que conducir la industria petrolera, no los expertos recién llegados, que no tienen idea de lo que tienen entre manos, que a veces son tan audaces que escriben libros y que saben que el petróleo es negro porque ven el asfalto en las calles.


El éxodo venezolano no cesa

1º de diciembre de 2019 | por Ricardo Angoso

Los venezolanos siguen cruzando por miles la frontera del puente Simón Bolívar que une San Antonio de Táchira (Venezuela) y Cúcuta (Colombia), huyendo del caos, la miseria y la ausencia de expectativas. Un factor de inestabilidad para Colombia, sin duda.

El éxodo venezolano, quizá la mayor tragedia de la historia de las Américas, no cesa. Los venezolanos se van por miles con apenas lo que tienen y la mirada perdida en la nada, como si atrás hubieran dejado el infierno. Algunos van en sillas de ruedas, otros en muletas, algunos casi en harapos, arrastrando sus enseres con sus escasas fuerzas, los hay todos los colores y clases sociales, pero todos con el paso raudo y decidido, temiendo que la preciada y anhelada huida vaya a ser detenida finalmente por algún inconveniente imprevisto, incluyendo aquí la contingencia del definitivo cierre de la frontera. Son niños, jóvenes, mayores, algunos ancianos, gente desesperada y de todas las condiciones, conocedores de los padecimientos diarios que sufren millones de venezolanos y testigos en primera persona de la crueldad interminable de un régimen abyecto.

No es demagogia, es la cruel realidad que cualquiera que atraviese la frontera puede conocer de primera mano. He estado en San Antonio de Táchira y lo he visto, nadie me lo ha contado. No son fake news. Falta de casi todo, no hay productos de limpieza y las estanterías de los supermercados aparecen casi vacías; la mayor parte de los negocios están cerrados y los que están abiertos apenas ofrecen algunos artículos básicos. Las droguerías (farmacias) también están vacías. Ayer hubo cortes de luz —fui testigo de uno de ellos— y un lugareño me informó de que duran entre tres y cinco horas, a veces la gente está en sus casas sin electricidad durante todo el día y sin saber ni qué hacer. Los escasos alimentos que tienen se pudren en sus neveras y el tiempo se hace eterno en la oscuridad. Tampoco había agua el día que visité San Antonio y nadie sabía a ciencia cierta cuando volvería. Quizá nunca, en el socialismo nunca se sabe.

Las escaleras eléctricas de los abandonados centros comerciales no funcionan, la basura se amontona incluso a las puertas de la alcaldía de esta ciudad abandonada, la suciedad invade todos los rincones y espacios, como señal inequívoca que hace años que nadie se encarga de limpiar nada ni de poner coto a tanto abandono. La dejadez en las vías y en el patrimonio público y privado es total, nadie arregla las calles, aceras y carreteras desde hace lustros. El lugar sería un perfecto escenario para filmar una de esas películas apocalípticas norteamericanas sobre el día final si no fuera porque es la cruda y desnuda realidad venezolana al descubierto. Sin necesidad de maquillaje ni más eufemismos que utilizar, el lugar es terrorífico y nadie querría vivir aquí; el aspecto es parecido al de un campo de batalla, aunque nunca haya habido ninguna guerra. Por la noche, según me cuentan, nadie se atreve a salir por miedo y las puertas de negocios, casas y edificios aparecen cerradas a cal y canto defendidas con alambres de espino y grandes rejas ante el temor a los asaltos. Venezuela es el país más inseguro del mundo, a gran distancia de Afganistán e Irak. ¡Socialismo o muerte!, qué redundancia.

Se van por miles los venezolanos, con sus maletas, hatillos, bolsas y mochilas, se les ve pobres de solemnidad, abandonados por la historia, como náufragos que se agarran a sus escasas y miserables pertenencias como si fueran los últimos restos que les quedaran del barco hundido. Se agarran a lo poco que tienen porque saben que el día de mañana les espera un futuro incierto y, quizá, estos objetos que todavía poseen fueran el último flotador al que aferrarse antes de ser devorados por un remolino de incertidumbre, soledad, pobreza y dolor. En cada uno de estos rostros, de estos millones de hombres y mujeres desamparados por un destino injusto, se esconde una desdicha personal que transciende más allá de lo político y encarna el dolor humano en toda su dimensión más brutal que nadie, ni siquiera el más miserable, puede ignorar.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
Espíritu Santo, 27 Local B
Madrid 28004 Madrid
España
Teléfono 00 34 606 828 959


Carrera, 4, número 17-59
Bogotá
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